El periodista y escritor Tomás Eloy Martínez tuvo una charla informal
con los redactores del diario La Nación. De ahí surgió este decálogo
sobre el trabajo del periodista.
El único patrimonio del periodista es su buen nombre. Cada vez que se
firma un artículo insuficiente o infiel a la propia conciencia, se
pierde parte de ese patrimonio, o todo.
Hay que defender ante los editores el tiempo que cada quien necesita
para escribir un buen texto y el espacio que necesita dentro de la
publicación.
Una foto que sirve sólo como ilustración y no añade información alguna
no pertenece al periodismo. Las fotos no son un complemento, sino
noticias en sí mismas.
Hay que trabajar en equipo. Una redacción es un laboratorio en el que todos deben compartir sus hallazgos y sus fracasos.
No hay que escribir una sola palabra de la que no se esté seguro, ni dar
una sola información de la que no se tenga plena certeza.
Hay que trabajar con los archivos siempre a mano, verificando cada dato y
estableciendo con claridad el sentido de cada palabra que se escribe.
Hay que evitar el riesgo de servir como vehículo de los intereses de
grupos públicos o privados. Un periodista que publica todos los
boletines de prensa que le dan, sin verificarlos, debería cambiar de
profesión y dedicarse a ser mensajero.
Hay que usar siempre un lenguaje claro, conciso y transparente. Por lo
general, lo que se dice en diez palabras siempre se puede decir en
nueve, o en siete.
Encontrar el eje y la cabeza de una noticia no es tarea fácil. Tampoco
lo es narrar una noticia. Nunca hay que ponerse a narrar si no se está
seguro de que se puede hacer con claridad, eficacia, y pensando en el
interés de lector más que en el lucimiento propio.
Recordar siempre que el periodismo es, ante todo, un acto de servicio.
Es ponerse en el lugar del otro, comprender lo otro. Y, a veces, ser
otro.
(Publicado en el diario La Nación el 19 de Agosto de 2001):
"De la dignidad, de la libertad, de la justicia y de la belleza. ¿De qué debe hablarnos el periodismo si no es de esos valores? ¿Qué clase de servicio sería simplemente informar, por más que el punto de partida, su esencia, sea justamente contarnos qué sucede?
Son aquellos los valores que hacen del periodismo una de las manifestaciones esenciales de la vida. En la forma de obtener y ofrecer la información, en su independencia y objetividad frente a los hechos, en la ética por la que da claro testimonio de los principios enunciados y en la jerarquía a la que eleva la palabra, se tiene una respuesta para una tarea que no es exagerado considerar una misión. Cada vez que se imprime un diario o se abre un micrófono, nada puede estar por encima de lo que _como en el arte, la política o la filosofía_ es la máxima de las aspiraciones: ese hombre justo, culto, libre, digno y...posible.
En cada línea, en el tono y la imagen elegida, el periodista anuncia su camino. Allí están los valores esperando que, como a un somnoliento, los despierten. Cuando se exaltan la grosería, la obscenidad, o se establece un culto al éxito, al dinero fácil, como ocurrió en los últimos diez años de la Argentina, se pone de pie un conjunto de monstruos que devoran los sueños de una sociedad, aquellos ideales en los que razones de identidad, cultura, historia, han sido parte de un acuerdo que debe ser honrado.
Independientemente de la dolorosa involución producida en los mecanismos que hacen a su credibilidad _multimedios, empresas periodísticas que incursionaron en otras actividades y defienden esos nuevos intereses a costa de su credibilidad, o, en el sentido inverso, la irrupción en el periodismo de empresas cuyos orígenes y propósitos han sido siempre otros_, puede decirse que el periodismo escrito y las radios no se alejaron de los valores que más profundamente fueron socavados en ese doloroso período_ si podemos prescindir para el análisis, nada menos que de las heridas señaladas_. Las agresiones más tenaces tuvieron su centro en la televisión. Igual que la lava de un volcán desatado, la estética de la televisión invadió, arrasó, cubrió y finalmente paralizó, como las formas humanas de Pompeya, las formas y los contenidos de la cultura.
El desprecio por la palabra, la tolerancia de una institución profundamente corrupta como fue en esos años el Comfer, la obscenidad en todas sus formas, y la sacralización del rating, establecieron sin sutilezas, de una manera violenta, autoritaria, sin controles de ninguna especie, las pautas de los tiempos futuros, dando la sensación de que sus dominios se extenderán mucho más allá de lo que hoy acordamos como posible.
No son tolerables las avalanchas de los periodistas ante un entrevistado, su estilo decididamente grosero, irrespetuoso, la agresividad entre sus propios colegas, lo ininteligible de sus demandas, la actitud impiadosa ante presuntos culpables. Quienes alientan ese comportamiento, los gerentes de noticias, los productores, los dueños de los canales, son los responsables de la ausencia de ética, de esa estética en la que la suciedad del conjunto es lo que sobresale.
Tener una responsabilidad en los medios es una maravillosa invitación a luchar desde esa trinchera por un mundo mejor, por un hombre cuyo nivel cultural no decaiga cada día, por mejorar la estructura de pensamiento de los oyentes, por sostener como insustituibles valores como el trabajo, la decencia, la honestidad, la dignidad, la libertad. Acaba de encenderse la luz de la cámara, la palabra AIRE anuncia que se está hablando para dos o para miles de personas _es lo mismo_ y el periodista se ha lanzado a la aventura de una idea. De la belleza a la que se atreva, del aprecio por una metáfora, de su sinceridad, del testimonio que ofrezca de sus dichos, del esfuerzo que haya realizado por ser independiente, de lo claro que resulta desde qué vereda del pensamiento está ofreciendo su discurso, del respeto por el destinatario de sus dichos y de la valentía que lo impulse para nombrar lo innombrable, depende su éxito. No en el rating. En lo más profundo de su corazón.
La llegada de los multimedios, el acceso de las empresas a intereses de índole completamente ajena al periodismo _que las llevan a defender a estos últimos con aquéllas_ la irrupción en el control de ciertos medios de otro tipo de empresas que no tienen su origen en el periodismo, han provocado un daño difícil de reparar a su credibilidad."
Víctor Hugo Morales
"Entrevista con el diablo. Relato de una época de política, periodismo y poder". 2014
Éste 7 de Junio de 2013, nuevo día del Periodista, nos encuentra a todos los argentinos discutiendo como nunca sobre los....periodistas. Y cada quien, según donde esté parado y según qué defienda y en qué crea, tendrá tal o cual ejemplo al que admirar, criticar o execrar.
También podemos pensar en, por ejemplo, las razones por las que se eligió ÉSTE DÍA y no otro. Y no es casualidad: fue el día en que por 1º vez salió La Gazeta de Buenos Aires, el órgano con el cual la Revolución de Mayo con su alma mater Mariano Moreno, expandía sus ideas. Hoy le llamaríamos, sin dudarlo, un periodista militante dirigiendo un órgano convencido de la Revolución, y no un fanático ni un neutral ni un independiente, sino (como decía Ignacio Ramonet) un "periodista comprometido".
Podríamos elegir acordarnos de los que murieron ejerciendo su oficio, asesinados, como José Luis Cabezas, o Mario Bonino, o Rodolfo Walsh o Paco Urondo, o desaparecidos como Haroldo Conti, u Ortega Peña, muerto por la Triple A. O los que fueron agredidos por investigar a los hombres más poderosos del poder político, en épocas donde el "temor" no era por el supuesto escrache en un afiche o una crítica de la Presidenta, o porque la AFIP los investiga porque evadieron sus impuestos, sino por ser atacados por patotas, golpeados, heridos, perseguidos económica o laboralmente, amenazados "en serio", no como los que hoy hablan de "gobierno de derecha como ninguno", o de "amenazas a la libertad de prensa" y a la "libertad de expresión", cuando fue el gobierno actual de Cristina Fernández quien derogó el delito por calumnias e injurias, lo que da pie para que muchos que se dicen "independientes" y "amenazados" puedan darse el lujo de mentir, difamar, insultar, amenazar, ya sea desde las tapas de revistas, como desde editoriales de los diarios más "prestigiosos" del país, las caricaturas, y ni hablar de las cloacas habilitadas para las barbaridades más soheces que se hayan leído jamás permitidas sin ningún tipo de censura en los comentarios online de ciertos diarios, y dirigidas a denostar la figura presidencial acusándola de enferma mental, autoritoria, hitleriana, metiendo miedo y erosionando su legitimidad, pero sin discutir y menos debatir con argumentos serios lo verdaderamente importante: las políticas exitosas implementadas y frente a las cuales ni siquiera logran articular una opción creíble para todo lo que falta, o lo que no se hubiera hecho bien. Los "periodistas" que llevan la voz de esos medios transformados en conglomerados económicos no defienden ideas: defienden intereses. Y lo atractivo del momento que estamos viviendo es que ya la mayoría nos dimos cuenta, y como se sienten perdidosos de ese 4º poder que antes ejercían, se defienden como gato entre la leña sacando de en medio a los políticos mediocres, y ocupando alevosamente sus lugares.
Podría haber elegido a Horacio Verbitsky, periodista al que respeto y admiro, tanto por su coherencia y sus ideas, como por su rigor a la hora de investigar, además de por su prolífica obra. O a otros periodistas valiosos y honestos, respetuosos de su trabajo. Pero elegí a Hernán López Echagüe, porque además de todo eso que también tiene Verbitsky, tiene una importante cuota de talento literario, que es más fuerte que él, y que aflora (cuando se lo permite) en muchas de sus investigaciones. Y no porque escriba ficción, sino porque suele dar a sus escritos ese plus que sólo tienen quienes aman escribir. Y él, además de periodista y de investigador, es ESCRITOR.
Hace poco decidí releerlo. Un personaje que él investigó como nadie (Eduardo Duhalde. Ver foto) y con el que dice tener "algo personal", volvió al ruedo polítco. Báh... Se paseó por algunas radios, dio algunos reportajes, garabateó algunas lineas en el opositor diario La Nación, se despachó contra Cristina, se autopintó como el héroe salvador de la patria, aprovechó la ola de "indignación por la corrupción" alimentada por Clarín y su converso vocinglero, y ahí quedó. Entonces me obligó a releer la obra de López Echagüe (El Otro, y El regreso de el Otro) dedicados al que él llama "el hombre-mueca": todo un logro descriptivo literario.
Dice López Echagüe, el periodista-escritor, en la Introducción de su libro:
Advertencia al lector:
Éste es un libro insubordinado, no porque yo no haya tenido el ánimo de domar su estructura y su registro_a fin de cuentas presumo que soy el autor_ sino porque desde las primeras letras que comencé a teclear, las palabras y las historias se sublevaron y echaron a perder el bosquejo que había garrapateado en una libreta marca Auguri, de cuarenta hojas, industria uruguaya.
Es, desde luego, un libro de naturaleza política. También personal, porque entre Duhalde y yo, a estas alturas, hay algo personal. Ocurre que a lo largo de catorce años, a causa de mi libro El Otro, él y sus amigos malgastaron tiempo y dinero en exceso importunándome con querellas y demandas judiciales que perdieron o dejaron envejecer y luego prescribir en el anaquel de algún tribunal.
Y cuando se instala ese algo personal entre una persona que escribe y otra que chapotea en el río arremolinado de la política, persona, por lo demás, a la que le causan un gran recelo las personas que escriben, sobre todo las que escriben sobre él, la relación se empantana. El papel del escritor y el del político, o el rol de cada uno, como mejor suene, trastabilla, pierde la verticalidad, entra en un círculo de perplejidad en el que manda la lengua del malabar. En una alteridad enfermiza.
(...como escribió el periodista y escritor chileno Camilo Taufic):
Si la objetividad periodística, como reflejo fiel de la realidad, es posible y deseable, la neutralidad_en cambio_no es posile ni deseable. (...pero...) La objetividad no supone neutralidad; son términos distintos.
Este libro no contiene siquiera una pizca de neutralidad y tampoco pretende resultar un ejemplo y modelo de objetividad. Ningún libro contiene esos ingredientes, tan preciados y tan difíciles de encontrar, por la sencilla razón de que todo testigo es forzozamente subjetivo. El periodista relata los hechos, opina, comenta, dominado continuamente por su manera de ver, de contemplar, de observar. Cada uno cuenta a su modo porque cada uno percibe a su modo. (...)
En las páginas que siguen el lector encontrará un entrevero de historias, reflexiones y anécdotas; de información, intrigas, vivencias y testimonios que, a primera vista, podrán ser tenidas como extractos de un tratado de ficción. Muy a mi pesar, no es así.
H.L.E.
Primavera del año 2010
Y ya en el final, y en relación con Las Fuentes, escribe:
(...años atrás soltó el periodistas Daniel Santoro, empleado del diario Clarín):
"Yo creo que es lícito, por ejemplo, que un periodista cambie información off the record con un político por una publicación breve e inofensiva. Lo más usual será en sus actos de campaña. Y si hay que investigarlos, yo debo dar un paso al costado y dejar que lo investigue otro colega" (Sala de Prensa, Febrero de 20014).
(...) De ese modo se mueven muchos periodistas que se proclaman independientes y honestos. En el país existe una tribu de periodistas independientes, honestos y encorbatados que gasta el tiempo brindando conferencias que versan sobre su independencia y honestidad. Lo hacen, siempre, en salones paquetes ante una audiencia de personas paquetas, independientes y honestas como ellos.
Periodistas esteparios, en fin, que contrabandean ideología metidos en la piel de una objetividad fingida y con desesperación buscan un sitio en el andurrial de la respetabilidad y el éxito social.
En este fragmento, el Programa de análisis de Medios de la TV Pública, 678, realiza un excelente informe como homenaje al Día del Periodista, y trae al presente momentos que recuerdan cuando, el oficio de ser periodista, podía resultar verdaderamente peligroso, en nada comparable a lo que, los voceros del establisment de hoy, presentan como "ataques a la libertad de prensa". Hernán López Echagüe es uno de los protagonistas destacados de ese informe.
A todos los periodistas, famosos o no, que honran su profesión y se comprometen con lo que creen sin disfrazarse de lo que no son, vaya mi homenaje en este día.