2 de Septiembre de 2021

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La Plaza del Amor
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jueves, 11 de noviembre de 2010

El odio a Cristina...!

¿Qué tienen en común todas estas mujeres?

Hilda Chiche Duhalde (senadora).


 

Elisa Carrió (diputada)
 


Susana Giménez (ex actriz, conductora de TV)

Silvina Walger. Periodista.
Cada una de ellas ha manifestado, de una forma o de otra, en determinados momentos, su odio a Cristina, la presidente. Pero seguramente, cada una de ellas, a pesar de ser mujer igual que ella, por razones diferentes. Alguna envidiará su belleza, otra su inteligencia, otra quizá su capacidad de gestión, otra tal vez porque ocupa el más algo cargo al que cualquier persona, sea hombre o mujer, puede aspirar. Lo cierto es que, en épocas en las que la Argentina reivindica y se encamina hacia un país más inclusivo, con más y mejores derechos para todos, en el que la misma presidente-mujer saluda dirigiéndose A TODOS Y A TODAS, estas mujeres, en lugar de sentir orgullo por tener una tan brillante, inteligente y valiente representante de su propio género, la envidian, y como la envidian, la odian. Algunas veces ese odio es manifiesto, como en el caso de Silvina Walger, que llegó a decir "A mi la presidenta me ofende" (?). En otros casos los dardos apuntan a su supuesta superficialidad, o al autoritarismo, o a que no realizó el duelo suficiente y por lo tanto es insensible. En el caso de "Su" Giménez, su odio se manifestó por el desprecio: ella nunca la invitaría a su programa, dijo, y el día en que Néstor falleció tenía su foto sobre la mesa, y leyó de puro compromiso un texto armado, mediocre e insensible. Elisa Carrió hasta llegó a la bajeza de sugerir que sería bueno si quedaba viuda, o en todo caso, que podría divorciarse. Luego que Néstor falleció, se llamó a cobarde silencio, pero ya volvió al ataque con su odio hacia Cristina. Chiche Duhalde manifestó que Cristina ahora, debería dedicarse a gobernar, en lugar de reinar. ¡Pobre Chiche, que apenas es capaz de hilvanar un discurso salido del siglo XIX, pero que debe intuir, muy a su pesar, que Cristina gobierna como ella nunca sería capaz de hacerlo, que además es una reina sin corona, y que no necesita monarquía para serlo.
Pero éstas no son las únicas mujeres que odian a Cristina. También hay envidiosas anónimas, como las que menciona el filósofo León Rozitchner en su nota (ver abajo), o como la periodista del diario de Río Negro, que a dos días de la muerte de Néstor publicó esta nota: “¿Es débil Cristina?” en el que la periodista Alicia Miller dudaba, con argumentos misóginos, de la solvencia de la presidenta Cristina Fernández para seguir adelante con la gestión. Luego el diario censuró una carta abierta de un socio minoritario del diario (Alberto Laria Rajneri) que criticaba la nota y levantó un blog con temática de género (Hijas de Eva) que publicaba tanto la nota como la réplica. En el enlace, la deplorable nota y la carta abierta como respuesta, del Lic. Alberto Laría Rajneri:
http://www.paginad.com/index.php/nacionales/LA-NOTA-DE-ALICIA-MILLER-DEL-DIARIO-RIO-NEGRO-ATACANDO-A-LA-PRESIDENTA.html
Tal vez, el odio que genera nuestra presidente tenga que ver con ésto:
 
Porque es brillante...

Porque el pueblo la ama...y ella a todos y todas...

Porque tiene el afecto de sus colegas presidentes de Latinoamérica.
 
Porque es hermosa.

Porque fue amada...

Porque tiene coraje para enfrentarse a los poderosos...

Porque el pueblo está con ella...

Y por muchísimas otras cosas que sería largo enumerar, pero todos y todas conocen, y tal vez por eso la odian, en lugar de admirarla y darle su apoyo, porque de última, es la presidente de todos.

Y para terminar de entender qué genera tanto odio, aquí parte de las palabras del filósofo León Rozitchner, en una nota  que publicó ayer 10/11/2010 el diario Página 12:

Cristina Fernández es una mujer que se unió a un hombre desde otro lugar corporal histórico: donde el encuentro de la heterogeneidad de los sexos en la militancia temprana no se impuso como sumisión, sino como igualdad dentro de esa diferencia. Seamos objetivos: ambas son dos modelos que una misma matriz política engendra. Cristina no es más buena ni más mala que Evita: es una mujer histórica distinta, aunque algo las una y otro algo las separe. Cristina es un animal político femenino en pie de igualdad con el animal político masculino de su marido Néstor, cosa que no pasaba con Perón y Evita. Ocupa un rango superior a Evita en la escala de Richter de la evolución femenina. Aquí las diferencias no se contraponen, sino que se complementan, como se complementan los cuerpos que al amarse se unen. De allí surge, desde muy abajo, otro modelo político –tiránico o acogedor, según sea la cifra– en los representantes del poder colectivo en el gobierno. Y por eso también desde allí surge ese odio nuevo, tan feroz y mucho más intenso, que se apoderó de gran parte de nuestras clases media y alta argentinas.
Por eso, tantas mujeres sumisas y ahítas de alta y media clase, tan finas y delicadas ellas, no nos ahorran sus miserias cuando se muestran al desnudo al dirigirle sus obscenas diatribas: no ven lo que muestran. Son mujeres esclavas del hombre que las ha adquirido –o ellas lo hicieron– y al que se han unido en turbias transacciones, donde el tanto por ciento y las glándulas se han fusionado en una extraña alquimia convertida en empuje que llaman “amoroso”. La envidian a Cristina desde lo más profundo de sus renunciamientos que el amor “conyugal” exige pero no consuela. Cristina las pone en evidencia a todas: se han quedado, sin jeans que las ciñan, con el culo al aire. Ella tiene, teniendo lo mismo o más de lo que ellas tienen, lo que a todas juntas les falta. Pero saben que tampoco podrían nunca llegar a tenerlo. Por eso, ellas no la envidian: la odian como a una traidora de clase –de clase de mujeres, digo–. La han cubierto de insultos y desprecios: de las ignominias más abyectas que nunca vi salir antes de esas boquitas pintadas de servil encono. Cristina las pone fuera de quicio. Esto también constituye el suelo denso y material de la política, tan unido a la lucha de clases entre ricos y pobres. Ellas también son el resultado de la producción capitalista de sujetos en serie: mercancías femeninas con formas humanas, con su valor de uso y su valor de cambio.
 ¡Gracias León, por tan sabias y hermosas palabras!

Es una pena que lo que a tantos nos hace admirarla y amarla, a ellas les genere odio, porque no sólo se pierden de apreciar a una de las mujeres que más debería llenarnos de orgullo, como mujeres y como argentinos, sino que deben estar viviendo un infierno, el infierno del que no puede ser feliz si ve la felicidad ajena.
¡Pobres mujeres, dignas de lástima!
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