2 de Septiembre de 2021

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La Plaza del Amor
Hay una REALIDAD que los diarios NUNCA te van a contar porque no sirve a sus intereses.// El acceso a la INFORMACIÓN es un Derecho Humano: el gobierno que no respete ese Derecho, no respeta la DEMOCRACIA.
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miércoles, 19 de febrero de 2014

Pauta oficial: La viga en el ojo propio.


Cuando la Corte Suprema de Justicia, en Octubre pasado, sacó el fallo en el que reconoce la constitucionalidad de los artículos cuestionados por el Grupo Clarín sobre la LSCA, a continuación del mismo hizo un agregado que no tenía NADA QUE VER con el tema sobre el que el fallo se expedía, pero que representaba un guiño, una especie de "hoja de ruta" por la que el multimedios podía tomar para seguir cuestionando al gobierno. Esto es, el uso de la Pauta Oficial que, según Clarín, se utiliza de manera discrecional y como una especie de "castigo" para los medios "no complacientes" o "independientes" del gobierno. ¿Por qué les resultará tan difícil admitir que son medios OPOSITORES al gobierno, no? 

A caballo del tema "pauta oficial" se montan varios temas relacionados:
-la necesidad de dar a conocer las políticas oficiales que estos medios "independientes" ocultan, tergiversan o ningunean diariamente;
-el uso del espacio que permiten las emisiones de Fútbol para todos para darlas a conocer (en lugar de publicitarlas en esos medios);
-la furia por haber perdido el negoción del  "Fútbol para pocos" que antes detentaban, y con el cual se permitían extorsionar a compañías de cable regionales hasta hacerlas desaparecer.
-el discurso acerca de que con el FPT se utiliza "el dinero de todos", como pasa con el programa 678, etc., mientras que los "privados" sólo utilizan SU propio dinero.
-el falso interés por la INFLACIÓN que oculta, además de los manejos abusivos de los intermediarios y comercializadores de productos esenciales, el peso que la publicidad de los productos significa en el costo final de los mismos.
-la furia que esos mismos medios mostraron el día que, Guillermo Moreno (ex Sec. de Comercio Interior), pidió que disminuyeran el costo de los productos regulando la publicidad en los distintos medios, para abaratar sus costos.
-la falsedad de su interés por la INFLACIÓN que pasó a 2º o 3º plano cuando se redujo la pauta publicitaria de las grandes cadenas comerciales...
-el nulo interés por dar a conocer las políticas de Precios Cuidados (acordado con la Sec. de Comercio), al tiempo que ridiculizan los controles sobre dichos precios (Ver nota: "Que los precios te los cuide Cadorna") y se solidarizan con los responsables de aumentos abusivos que pautan en sus medios.

Finalmente, y siguiendo la "hoja de ruta" sugerida para Clarín, la Corte Suprema emitió un fallo (la-corte-ordeno-incluir-en-la-pauta-oficial-canal-13) en el que ordena al Ejecutivo incluir a Canal 13 (Grupo Clarín) en la distribución de la pauta oficial. Lo que no queda claro es CUÁL criterio se aplica para distribuir dicha pauta: si para dar a conocer las políticas oficiales, para compensar a aquellos medios que carecen del poder efectivo de los multimedios oligopólicos o si en cambio, como resulta de la aplicación de este fallo, favoreciendo aún más a aquellos que más poder de difusión (fogoneo mediático) tienen.
Para esclarecer el tema, rescato una nota aparecida  hoy en el Página/12, (Pauta oficial y la privada) de Gustavo Bulla, Profesor de políticas de comunicación UBA / UNLZ.
Dice la nota:

El reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia que ordena al Poder Ejecutivo destinar más publicidad oficial a Canal 13 de Buenos Aires –Grupo Clarín– y presentar un esquema “equitativo y proporcional” para el resto de los canales capitalinos reactualiza un debate declamado más en clave de consigna que de propuesta racional.

¿De cuánto hablamos, cuando hablamos de pauta oficial? En el año 2013, la pauta distribuida por el Estado nacional no alcanzó al 5 por ciento de la torta publicitaria nacional, que fue de unos $24.000 millones (Fuente: Cámara Argentina de Agencias de Medios). La cuasi marginalidad de la pauta pública no deslegitima los reclamos, pero el debate político debe tenerla presente, sobre todo para evitar sobreactuaciones.

¿Qué significa un criterio “equitativo y proporcional” de distribución? Ni más ni menos que la consumación del sentido común neoliberal: darles más a los más poderosos y menos a los más débiles.

¿Cómo debe ser entendida la pauta publicitaria oficial? Sin lugar a dudas, como la obligación republicana de dar publicidad a los actos de gobierno. Los críticos de su implementación a menudo la confunden con una suerte de “subsidio” o “financiamiento” estatal a los medios.

La reclamada regulación legal sobre la distribución de la pauta oficial es bastante más compleja que su mera mención. Todo intento de regulación democrática exige al menos incluir criterios de justicia distributiva –contrarios a la linealidad neoliberal–, de eficacia comunicacional para llegar efectivamente a los públicos destinatarios y de flexibilidad en el manejo presupuestario según las coyunturas y acontecimientos imprevistos.

El difícil trabajo de los colegas planificadores de medios consiste en tratar de que cada peso de inversión publicitaria privada llegue a los destinatarios pertinentes. Como los espacios publicitarios de los medios son bastante caros, por lo general se trata de circunscribir lo más posible a los receptores de los mensajes emitidos. No debería haber mayores diferencias en este punto con la pauta oficial. Se sabe que en las barriadas populares diarios como La Nación o Ambito Financiero no tienen lectores, a diferencia de Diario Popular o Crónica. O que planificar una campaña de salud pública respecto de una enfermedad tropical en medios patagónicos es un despilfarro de recursos.

Toda rigidez regulatoria que no contemple estas cuestiones, so pretexto de limitar la discrecionalidad, redundaría en ineficacia por parte del Estado para comunicar lo que habitualmente los grandes medios comerciales prefieren omitir, como hemos presenciado en los últimos años.

Para quienes piensan la democracia desde una mirada tributarista (“... que los privados hagan lo que quieran con su dinero, pero yo pago mis impuestos y tengo derechos...”), lo acontecido en los últimos días con la cobertura periodística del programa de Precios Cuidados debería motivar alguna reflexión. Los diarios beneficiados por las pautas de las cadenas concentradas de supermercados han omitido informar sobre el comportamiento antisocial de estas últimas.

Como supo decir Alejandro Dolina en un programa televisivo: “Cada vez que nos enjabonamos, de alguna manera estamos financiando a Luis Majul –entre otros– aunque no lo sepamos”. Cerca del 18 por ciento del precio final de un producto de consumo masivo está determinado por la inversión publicitaria. La relación comercial entre medios concentrados y grandes anunciantes, lejos de ser de carácter privado, nos involucra a todos, lo sepamos o no.

Los grandes avisos que aparecen los fines de semana en pocos medios no son el producto de la mano invisible de la que hablaba Adam Smith. Los diarios más poderosos exigen exclusividad a los anunciantes y éstos descargan la inversión publicitaria en los productos así promocionados. Al final del circuito, los perjudicados somos los consumidores que pagamos precios más caros y somos desinformados, y los pequeños productores de alimentos que deben aceptar condiciones leoninas para poder venderles a las grandes cadenas comerciales.

Este es otro elemento que una eventual regulación de la inversión publicitaria oficial debería incluir: que los medios de comunicación estén obligados a hacer públicos sus números para que todos sepamos quiénes son sus anunciantes y cuánto representan en sus ingresos, incluyendo tanto la pauta privada como la oficial. De esa manera, toda la ciudadanía podría ejercer con mayor plenitud el derecho humano a la comunicación.

Creo que ahora queda más claro qué implica la Pauta Oficial, qué debería tenerse en cuenta al regularla, a quiénes debería estar destinada (en cuanto al derecho a la información) y qué debería exigirse a los medios (gráficos y/o televisivos) para que dejen de mirar la paja en el ojo del gobierno, y empiecen a ver la viga de lo que NO DICEN en el ojo propio. 
Para tener reglas claras y en las que, como ciudadanos y como consumidores, recibamos la información a la que tenemos derecho.
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lunes, 17 de febrero de 2014

¿Cadorna o El Eternauta?













"Que los precios te los cuide Cadorna".
"¿Por qué tengo que ocuparme de cuidar yo lo que debería cuidar el gobierno? ¿Para qué tengo que ocuparme de algo si yo pago para que se ocupen?
"Volvé Moreno".
"En estos tiempos hace falta "un Moreno"...
"Necesitamos una "Cristina eterna"".


Éstas y otras frases por el estilo se escuchan (y leen) por estos tiempos... Algunas de ellas en relación con el tema aumento injustificado de los precios de algunos productos (mal llamado "inflación"), otros relacionados con la puesta en marcha de todas o algunas políticas del gobierno, generales o particulares. Y algunas vinculadas al rol del Estado y el de los ciudadanos-consumidores. La frase que alude a "Cadorna" fue mencionada en una nota de EL HIJO DE un humorista famoso por sus monólogos políticos, que empieza diciendo "En casi todos los países normales del mundo, el pueblo se dedica a laburar y los gobernantes se dedican a gobernar."

Cadorna vendría a ser la encarnación de una idea, de un alguien abstracto (como puede ser el Estado) o concreto (como el gobierno) sobre todo para quienes se oponen a todas y cada una de las medidas que el gobierno pone en marcha, y para quien el gobierno es el culpable de TODO lo que ocurre en el país. Sería creíble una opinión de éste tipo si, quienes instalan la idea del "gobierno culpable de todo" no fueran corresponsables en muchas de las embestidas que este mismo gobierno sufre: manipulación del valor del dólar, aumentos injustificados de precios, instalación mediática de un dólar fantasma al que alientan, y un largo etc. entre los que podrían incluirse los ataques diarios a la Presidenta y/o sus ministros, las mentiras diarias, las tergiversaciones, las acusaciones y denuncias sin fundamento con la intención de esmerilar la credibilidad del gobierno, minar la confianza de los ciudadanos y llevarlos, finalmente, al miedo que paraliza y permite implementar políticas de shock, más convenientes a sus intereses. 

Cuando se puso en marcha la política de "Precios Cuidados" por medio de un ACUERDO con distintos sectores de la producción y la comercialización de productos esenciales, fue luego de advertir que, el acuerdo anterior llevado adelante por Guillermo Moreno (el antecesor en la Sec. de Comercio Interior) había fracasado: por errores propios y/o por la voracidad ajena, los acordantes rompieron el acuerdo de múltiples maneras: escamoteando mercadería, modificando los envases, agregando supuestas mejoras de los productos, confundiendo a los consumidores y permitiendo aumentar sus ganancias al tiempo que estafaban el acuerdo firmado y la confianza de los consumidores. Sin embargo, hubo algo a lo que Moreno pudo haber recurrido y no lo hizo: al fijar precios por regiones y por comercios, se suponía que en cada lugar, UNO, el consumidor, debía conocer cuál era el precio anterior para poder reclamar en el caso que no se respetara el precio acordado. De esta manera, el control ciudadano sobre los precios era muy difícil, no sólo para el consumidor sino para la propia Secretaría de  Comercio, al punto que, al evaluar los resultados, sólo se pudo constatar en qué cosas los productores y/o comerciantes habían estafado para eludir el acuerdo y aumentar sus ganancias. Nada se dijo de los errores de implementación.

Esta vez, el ACUERDO involucra a una cantidad menor de productos, de consumo masivo, pero que son fijos en todo el país (a los que irá llegando gradualmente), serán revisados periódicamente y existe una comunicación mucho más clara y fluida hacia los consumidores. Estos precios son una referencia para todos los otros, porque dan un marco acerca del valor real de dichos productos. Esto permite que mucha más gente (en forma individual o por medio de organizaciones sociales/políticas) pueda involucrarse en el control, tanto de la provisión de los productos como en el respeto de los precios de los mismos.

Esta forma de comunicación que permite el involucramiento tiene que ver con pensar en una sociedad en la que sus integrantes sientan que pueden-deben ser parte. Si creemos que sólo somos quienes pagamos los impuestos (en el mejor de los casos) y con éso nuestra tarea se terminó, estamos abonando la idea de un ciudadano individualista, cómodo pero también inmaduro, que cree que, porque paga, nada más tiene que hacer. Su rol de "ciudadano" se limita a "pagar los impuestos", y no le pidan nada más porque "no le corresponde". Una figura como la de Guillermo Moreno, era algo así como un sherif, una especie de guardián de nuestros intereses en quien podíamos confiar y por lo tanto, descansar porque siempre había ALGUIEN que se ocupaba de domesticar a las fieras. Sin embargo, también sirvió para que las corporaciones lo transformaran en el demonio de Tasmania, un monstruo arremetedor que no se paraba ante nada y ante nadie, pero al que, sin embargo, le hubiera venido muy bien no quedarse solo, apelar a la conciencia ciudadana y permitir que los consumidores pudieran ser parte activa en el proceso de cuidar los precios. Moreno era (es) un patriota, por la forma en que defendía nuestros intereses, pero con un solo patriota no alcanza para hacer una Patria.

La idea de una "Cristina eterna" tiene un recorrido similar. Todos los que apoyamos este Proyecto de un país con "crecimiento con inclusión" sabemos que jamás habría podido concretarse sin Néstor y sin Cristina. Pero Néstor no está, y así como todavía muchos lo extrañan (a costa de la figura de Cristina, con lo cual casi se olvidan que fue Néstor quien confió en ella), hoy está Cristina, pero en el 2015 no va a estar, ni va a ser candidata a nada. Y si algo caracteriza a esta Presidenta es, justamente, la idea rectora de que, este proyecto lo llevamos adelante entre todos, o perdemos todo lo ganado. La mejor enseñanza que nos puede dejar el paso de Cristina por la gestión es impulsarnos a que nos involucremos todos. Y no se trata sólo de candidatos (que deberán disputar por el lugar que aspiran a ocupar), sino de que todos los que creemos y queremos, NOS HAGAMOS CARGO para defenderlo. Cristina mostró claramente el camino: no sólo abrió el juego poniendo a actuar a otros funcionarios y permitiéndoles un mayor protagonismo, sino que nos convoca cada vez que puede para que SEAMOS PARTE, que no nos quedemos como simples espectadores, que seamos también PROTAGONISTAS.

Lo que está pasando en estos días con los controles ciudadanos de los Precios Cuidados, con las denuncias de los incumplimientos del ACUERDO, con los "apagones de consumo", son una buena señal. Muchos consumidores perdimos la inocencia, y empezamos a tomar conciencia de QUIÉNES son los que aprovechan el "río revuelto", cuando no son los mismos que revuelven las aguas para sacar povecho. Y en lugar de consumir sin mirar, de limitarnos a llenar el chango y luego pagar sin mirar siquiera el ticket, prestamos atención. Y reclamamos, o denunciamos, comparamos los productos entre comercios, y no necesariamente porque no tengamos el dinero. Sino porque no es justo para nadie que se aumente el monto de las asignaciones sociales (no sólo para INCLUIR sino para alimentar un mercado interno que ayude a recuperar la economía del país), o los sueldos y jubilaciones, y que ese dinero termine en los angurrientos bolsillos de fabricantes monopólicos, concentrados, extranjerizados o cartelizados, y comerciantes de grandes cadenas, muchos de los cuales remiten sus ganancias fuera del país.
 Muchos consumidores actúan de manera individual, cuidando su propio bolsillo. Otros nos autoconvocamos para no consumir determinados días en determinados comercios, otros más organizados asumen la tarea de controlar (los más odiados por los super e hipermercados) o de protestar delante de algunos comercios por el faltante de productos y otros incumplimientos. 
Protesta frente a Disco de Congreso por faltante de productos de Precios Cuidados.
 Otros tomamos fotografías cuando vemos incumplimientos y hacemos la denuncia por alguna de las vías posibles. (Ver Los consumidores triplicaron sus denuncias por Precios Cuidados). Se equivoca el periodista de La Nación: no es "el consumo que se desploma". Son los consumidores cuidando su bolsillo de los especuladores. Éstos van a tener que remar bastante para recuperar la confianza de muchos consumidores, ahora prevenidos.

Habría que recordarles a los que hablan de "países normales" que en muchos "países normales" los consumidores son activos participantes en el cuidado de los precios, o más conscientes a nivel individual (Estrategias para cuidar los precios en América Latina). Y que la mentada "normalidad" tal vez vaya dirigida a ciertos países que, en estos tiempos, no la están pasando nada bien, precisamente.

Los dictadores tenían muy claro el significado de la "acción colectiva", de la importancia de la conciencia grupal para el logro de los objetivos. No fue casual que desaparecieran a Héctor Oesterheld, creador de El Eternauta, el héroe colectivo. A los dueños del poder real les molesta, y mucho, ése héroe colectivo, que en este caso, se encarna en un consumidor responsable, activo y consciente, informado y solidario. Ése que tanto les molesta a los que invocan a Cadorna, porque Cadorna, de última, no es NADIE. Mientras que, El Eternauta, SOMOS TODOS.
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